Los de la fe cristiana forman el grupo de personas más perseguidas por su fe en todo el mundo. En promedio, por lo menos 180 personas cristianas son matadas cada mes por su fe alrededor del mundo. En más de 60 países en el mundo los cristianos son perseguidos por sus gobiernos o por sus vecinos sencillamente por su creencia en Jesús el Cristo. En 41 de los 50 países más infractores de los derechos religiosos de los cristianos, los perseguidores son miembros extremistas y fanáticos de Islam.
Aún los seculares reconocen el derecho a la libre conciencia y la fe individual. El artículo 18 de la «Declaración Universal De Derechos Humanos» dice:
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión;
este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia,
así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente,
tanto en público como en privado, la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Infelizmente, muchos hacen caso omiso a ese derecho. La historia nos muestra que aún entre personas que se llaman cristianos se ha practicado la persecución. Pero esta anomalía va en contra de las claras enseñanzas de La Biblia y el Fundador de la fe – el mismo Jesús de Nazaret, el Cristo. En Isaías, el primer capítulo, Dios dice:
»Vengan, pongamos las cosas en claro
—dice el Señor—
¿Son sus pecados como escarlata?
¡Quedarán blancos como la nieve!
¿Son rojos como la púrpura?
¡Quedarán como la lana!
Otra forma de traducir este pasaje de la Biblia dice «Vengan, razonemos juntos, dice el Señor…» Las instrucciones del apóstol Pablo en Romanos 12 son: No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. Esto no deja campo para la persecución de personas que difieren a uno en sus opiniones y creencias. Al contrario, nos urge aprender a razonar y apelar a las personas por la razón, no por la fuerza.
Es nuestro deber orar a Dios por las personas alrededor del mundo que están sujetas a la persecución por razón de su fe en Jesús. El apóstol Pablo escribió a los gálatas en el segundo versículo del sexto capítulo de su epístola a ellos: Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo. En su carta a los romanos escribió en el capítulo 12: “Bendigan a los que los persiguen. Bendigan, y no maldigan. Gócense con los que se gozan y lloren con los que lloran. Tengan el mismo sentir unos con otros. No sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes.” Eso nos impulsa a orar por los perseguidores también, mientras acompañamos nuestros hermanos en la fe en oración por la persecución que padecen. Además, somos llamados a vencer a los perseguidores no por violencia en respuesta a su odio, sino en una transformación verdadera en nuestra forma de pensar y vivir. “Nunca paguen a nadie mal por mal. Respeten lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres. Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, Yo pagaré», dice el Señor. «Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza». No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien. Romanos 12:17-21
